Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de marzo de 2014

Mirada preservativa


El artista Olafur Eliasson y el arquitecto Ma Yansong unen esfuerzos para crear una niebla de colores en una galería de arte (Din blinde passager, 2010)



¿Cómo sabemos si las cosas que habitan en forma de recuerdo en la memoria de una única persona, no perecen en la realidad cuando esa persona muere? ¿Cómo sabemos si las cosas que han perecido en la realidad siguen vivas en forma de recuerdo en la memoria de, aunque sea, una única persona?


Por eso sólo puedo prometerte que seguirás viva al menos hasta que yo deje de existir, aunque perezcas antes en la realidad.




Dedicado a mi enamoramiga A.S.L.








martes, 24 de enero de 2012

Relatillo III: Enchufados



Power Strip - Ruth Whiting 2005


Había evolucionado tanto la humanidad que la gente no dormía, simplemente se enchufaba a la corriente eléctrica y se cargaba las pilas, aunque durante ese rato tubieran que estar desconectados, que era como dormir pero de una forma deliberada, una decisión de aquí y ahora, como una narcolepsia controlada.

No había sido un buen año para ella. De la noche a la mañana, se había quedado casi sola en el mundo y estaba de camino a quedarse totalmente sin nadie. A su la abuela, que ya empezaba a despistarse, se le olvidó desenchufarse antes de darse un baño y murió electrocutada en cuanto metió la punta del dedo gordo del pie en la bañera; la madre, tropezó con el cable del padre, se clavó el cuchillo con el que estaba cortando tomate en el pecho y nunca se supo cuanto sangró porque en el charco no se diferenciaban las sustancias; el padre, en ese momento tenía el cable anudado al cuello en forma de corbata porque era la última moda, así que con el tropezón de la mujer, se ahorcó de un tirón. Ya sólo le quedaba el abuelo, que por ser de alta tensión, cualquier mínimo sobresalto le producía ataques de epilepsia, siendo el último tan brutal que entró en coma profundo.

Así que el abuelo, o lo que quedaba de él, era el último lazo familiar que tenía y en sus manos estaba el desenchufarlo para siempre o no, pero ella no estaba dispuesta a perderlo. Le plantó al abuelo una placa solar en la coronilla, un par de molinillos de viento en cada hombro y uno de agua en el escroto lo suficientemente grande como para que con cada meada, pudiera recargar fuerzas. El abuelo, al cargarse de fuerzas positivas y energías naturales, se fue recuperando poco a poco hasta despertar. ¡Ahora está hecho un chaval!


 
Martyr - Ruth Whiting 2004

miércoles, 4 de mayo de 2011

Relatillo 0: Morirse durmiendo

El bosco, fragmento de "El jardín de las delicias"


Cuando se termina el día y me acuesto para descansar, duermo tan profundamente que es como si muriera cada noche. Cuando sueño se me presenta el cielo espumoso para encontrarme de frente con el paraíso cercado por las vallas que terminan en las puertas celestiales donde San Pedro me espera para detenerme.

Cual portero de discoteca, lo imagino vestido de corbata negra, con el mentón hacia arriba, mirada por encima del hombro y con aire desdeñoso me dice que no cumplo los requisitos, porque no soy como ellos, por no cumplir las leyes terrenales como los mortales adiestrados para asentir ante cualquier orden o moda que se les imponga para que la sigan. Allí solo entraban los esclavos de la doctrina divina que te limita a decir lo que esperan, que se siente poderosa para decir lo que está bien y lo que está mal, que discrimina, evalúa a cada persona y la encasilla en un lugar casi siempre inferior para que no la superen y si la ley sagrada tiene que pisar porque alguien se subleva, pues no hay piedad y pisa. Todos bailaban demostrando lo mejor de sí mismos, desde seminaristas hasta canis, mirando alrededor y comparándose los unos con los otros, intentando adivinar quién será el que más diste de enseñarse como es llegando a parecer hasta de plástico.

Bastó que San Pedro me alzara en el aire y me arrojara al vacio para que entendiera que no era bienvenida en aquel lugar. Estuve cayendo al vacío durante muchísimo tiempo… tanto que me dio tiempo a levantarme de la cama, apagar el despertador y volver a meterme a dormir… hasta que me zambullí en el magma pegajoso que llenaba la grieta de la tierra en la que había caído. Como por instinto comencé a bucear hacia abajo con todas mis fuerzas, en aquel mar denso de sangre que se desprendía de todos los cadáveres que iban apareciendo a la vez que avanzaba. Se les notaba tranquilos, con sonrisa despreocupada, flotando en medio de esa gelatina, sin nada en lo que preocuparse. Uno me comentó que yo iba camino al infierno y que no me arrepentiría. Pues vale, majo, gracias. Me topé de repente con una megapompa de aire que no se rompió cuando la atravesé para entrar y unirme a bailar, reír, cantar o lo que sea que estuvieran haciendo, o lo que sea que me diese la gana de hacer. En esta discoteca no había portero porque todo el mundo estaba invitado, nadie seguía un patrón de comportamiento y a todo el mundo le parecía bien lo que hicieras o dejaras de hacer, incluso las faltas de respeto daban igual porque la gente se las pasaba por el forro de sus chubasqueros de colores con una risa verdadera.


 Te sentías a gusto porque eras libre y sin límites ni fronteras, por eso la gente era mucho más imaginativa, todos eran filósofos, y se proponían ideas y abstracciones tan fuera de la realidad que podían materializarlas en el aire y alimentarse de ellas. En aquella pompa-infierno, se trataban como se tratarían a sí mismos, no había malentendidos porque todo el mundo hablaba diciendo lo que quería decir, sin más.
No volví a despertar como en los cuentos malos donde todo termina como si hubiera sido un sueño. Yo sigo viviendo en ese lugar.

Entradas populares